La cooperación multinacional de las dictaduras latinoamericanas, sobre todo en el Plan Condor, significa que los intentos de archivar experiencias de la música en prisiones políticas deben también asumir una dimensión internacional, escriben Katia Chornik y J. Patrice McSherry.

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Más de 1.000 centros de detención política operaron en Chile durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). La música tuvo un fuerte impacto en estos lugares. Para los prisioneros era una fuente de resistencia, inspiración, unidad, consuelo y solidaridad. Para los agentes del Estado servía como herramienta para adoctrinar, torturar y humillar a los encarcelados.

Gracias al archivo digital Cantos Cautivos, la música ahora contribuye a recuperar esta vital memoria histórica y a otorgar reconocimiento público, remembranza y un grado de reparación moral a quienes sufrieron la represión dictatorial.

Este archivo es el primer recurso en línea sobre música y detención política en América Latina. Compila testimonios sobre una amplia variedad de experiencias musicales, individuales y colectivas, en todos los niveles de encarcelamiento político, desde casas secretas de tortura hasta prisiones oficialmente reconocidas. Inaugurado en 2015 en colaboración con el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos (Chile), el archivo estaba inicialmente disponible sólo en castellano. Desde 2016 el material completo también está disponible en inglés.

El contenido del archivo, principalmente obtenido a través de colaboraciones directas de los usuarios, incluye 130 testimonios referentes a treinta centros de detención política en Chile. Aproximadamente 30 por ciento de los testimonios trata sobre canciones parcial o totalmente escritas en prisión. Entre los materiales más singulares del archivo están las grabaciones de los detenidos del campo de concentración de Chacabuco en el desierto de Atacama, y los relatos del campo de concentración Isla Dawson en el extremo sur de la Patagonia. Estos valiosos testimonios revelan el funcionamiento interno de un estado represivo y la resistencia de sus presos políticos.

El grupo Los de Chacabuco tocan en el campo de concentración Chacabuco en 1973 (fuente: Cantos Cautivos)

Luis Alfredo Muñoz González, detenido en el notorio centro de tortura Cuatro Álamos en Santiago, cuenta que “cuando ya nos han destruido el cuerpo hasta las entrañas, cuando ya nada nos queda más que los ojos turbios de la muerte, la música y la canción aparecen”. Luego de una noche de horror escucha la voz de una mujer en otra celda, pidiéndole que cante una canción. Ella le dice que es argentina.

Luis canta “Casida de las palomas oscuras”, una canción compuesta y grabada por el cantante español Paco Ibañez, con letra del célebre poeta Federico García Lorca. Ella le dice que se siente menos sola. Sorprendentemente, Luis escucha una voz masculina proveniente de otra celda, comentando que la canción era hermosa. La voz pertenece a un sacerdote europeo. Los orígenes del clérigo y de la mujer sugieren que éstos podrían ser dos de las miles de víctimas de la Operación Cóndor.

La Operación Cóndor era un programa secreto y multinacional de “operaciones negras” para destruir la oposición política a las dictaduras militares en América Latina. Organizada por seis estados latinoamericanos (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay) con respaldo secreto de Washington, los agentes de la Operación Cóndor llevaron a cabo detenciones-desapariciones secretas y transfronterizas, eligiendo como blanco a disidentes políticos que se encontraban exiliados y a activistas que huían de los regímenes militares en sus propios países.

Los métodos de la Operación Cóndor eran la tortura, la “entrega” extralegal y la ejecución extrajudicial. Escuadrones especiales de la muerte también apuntaban a los principales líderes de la oposición que estaban exiliados en América Latina, Europa y Estados Unidos. El notorio asesinato del ex ministro chileno Orlando Letelier y su colega Ronni Moffitt en un coche bomba en 1976 en las calles de Washington DC fue una acción de la Operación Cóndor.

Un documento desclasificado del Departamento de Estado que revela el apoyo logístico de los EEUU en el Plan Condor (fuente: US State Department)

La Operación Cóndor operó encubiertamente dentro del régimen hemisférico de contrainsurgencia, fuertemente influenciado por Washington. Un documento estadounidense desclasificado, por ejemplo, muestra que Washington autorizó a los agentes de Cóndor a utilizar “un sistema encriptado dentro de la red de telecomunicaciones estadounidense”, ubicado en su principal base de contrainsurgencia en la zona del Canal de Panamá, para “coordinar información de inteligencia” a través del continente entero. Este apoyo logístico indica que los Estados Unidos tenían un conocimiento profundo de la Operación Cóndor y que le prestaron una colaboración importante.

Al igual que en Chile, existe evidencia que la música fue utilizada en los recintos Cóndor de otros países. En un reciente intercambio de correo electrónico, Sara Méndez, una uruguaya encarcelada y torturada en el centro secreto argentino Orletti Motors (codificado OT-18 o “El Jardín” por agentes de la inteligencia militar), recuerda que los detenidos no cantaban. Pero recuerda vívidamente el uso de la música por sus captores.

Méndez relata que durante las sesiones de tortura los perpetradores ponían la radio a alto volumen para tapar los gritos de los torturados. También se reían y agraviaban a los prisioneros. A veces “entonaban algún canto que tenía el carácter de burla ya que cambiaban la letra. Estos cánticos se realizaban por lo general durante las sesiones de torturas, así que se mezclaban con insultos, risas de los represores y los gritos de los torturados”, escribe. El objetivo era humillar a sus víctimas y denigrar a organizaciones tales como el movimiento guerrillero urbano argentino Montoneros, aunque los prisioneros no necesariamente fueran parte de esos grupos.

Una ex presa política argentina que pasó años detenida con otras mujeres en la prisión argentina Devoto, testifica que allí había música entre las prisioneras. Había incluso clases impartidas por una prisionera, que era profesora de música. “No sabés las ganas que tengo de escuchar música, de estar tranquila, en silencio, sola o acompañada y de sentir los sonidos que van largando los altoparlantes,” escribió otra detenida en una carta incluida en el libro testimonial Nosotras, presas políticas. Obra colectiva de 112 prisioneras políticas entre 1974 y 1983.

En el documental Memoria interrumpida de Michael Chanan, Ana Mohaded relata un conmovedor  episodio musical en el que los detenidos de la Cárcel de San Martín de Córdoba escucharon cantar a uno de los miembros del conocido dúo uruguayo Los Olimareños.

El músico, Braulio López, expresó que cantó para comunicar su solidaridad con los otros prisioneros. Fue detenido en la Cárcel de San Martín y en otros centros de detención política en Argentina. Se cree que el caso de López fue una acción Cóndor.

A medida que se evidencian los vínculos entre la cooperación multinacional de las dictaduras latinoamericanas, la prisión política y la música, también surge la necesidad de que Cantos Cautivos asuma una dimensión internacional. El archivo ahora busca expandir su base de datos para incluir testimonios de experiencias musicales bajo detención política en otros países de las Américas, especialmente de aquellos que formaron parte de la Operación Cóndor.

El poder de la música para sostener y fortalecer a los presos políticos en América Latina es una historia que recién comienza a ser escrita.

Notas:
• Visite el archivo en www.cantoscautivos.org o siga las noticias del proyecto en Twitter, Facebook e Instagram
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Katia Chornik – Cantos Cautivos & Universidad de Manchester
Katia Chornik (@kchornik) es directora de Cantos Cautivos y historiadora cultural y etnomusicóloga de la Universidad de Manchester. Desarrolló inicialmente el archivo Cantos Cautivos a partir de su investigación Leverhulme “Sounds of Memory: Music and Political Captivity in Pinochet’s Chile” (“Sonidos de la memoria: música y cautiverio político en el Chile de Pinochet”). Actualmente el archivo recibe financiamiento del Consejo de Cultura del Gobierno de Chile. Chornik es autora del libro Alejo Carpentier and the Musical Text (Legenda, 2015) y co-editora del libro Don Juan in Music and Other Arts (Oxford University Press, bajo contrato de publicación).

J. Patrice McSherry – Cantos Cautivos & Universidad de Long Island
J. Patrice McSherry (@jpmcsherry) es miembro del Consejo Asesor de Cantos Cautivos, doctorada en ciencias políticas y autora de, entre otros libros, La Nueva Canción Chilena: El poder político de la música, 1960-1973 (Ediciones Lom, 2017) y Los Estados Depredadores: Operación Cóndor y la Guerra Encubierta en América Latina (Editorial Lom, 2009, y Ediciones de la Banda Oriental, 2009). McSherry está afiliada a la Universidad de Long Island y al Instituto de Estudios Avanzados de Santiago.

 

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