Con el apoyo adecuado del Estado, las empresas latinoamericanas pueden llegar a ocupar eslabones más altos en las cadenas de valor globales, escribe Tobias Franz (Universidad de los Andes, Bogotá).

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Un estudio reciente de la Corporación Andina de Fomento – Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), señala acertadamente que el núcleo de los problemas estructurales de América Latina para lograr crecimiento de productividad es basado en la mala asignación de recursos y una alta sensibilidad a los cambios externos. El ciclo vicioso de baja productividad, falta de mano de obra altamente calificada y los compromisos fallidos de inversiones a largo plazo, han convertido a América Latina en la región emergente de más lento crecimiento. Para salir de este ciclo, el estudio sostiene que los políticos latinoamericanos deben abordar los factores internos que obstaculizan el crecimiento de la productividad, tales como el fracaso en la capacitación de mano de obra altamente calificada, el acceso limitado al crédito y la falta de capacidades estatales para superar los obstáculos institucionales, así como la falta de infraestructura.

América Latina tiene una larga historia de dependencia en exportaciones primarias como el cacao (Thomas Cristofoletti, CC BY-NC 2.0)

A pesar de las importantes contribuciones que la CAF hace a la discusión de los factores que contribuyen a los problemas de productividad de América Latina, las recomendaciones generales que hacen en materia de políticas económicas pueden ser de poca ayuda para estos países.

En América Latina existen varias limitaciones y desafíos que deben ser considerados al recomendar estrategias de política económica si el interés es alcanzar crecimiento en sectores de productividad media y alta. Lo más importante es crear y efectivamente implementar mecanismos institucionales que otorguen a las empresas privadas y públicas tiempo y espacio para participar en actividades que de otro modo podrían considerarse demasiado arriesgadas. Esto incluye inversión en investigación y aprendizaje sobre tecnología más sofisticada, e inversión en educación vocacional para mejorar las habilidades y cualificaciones profesionales de la fuerza de trabajo.

Los mecanismos institucionales que incentivan, o incluso imponen tales inversiones, avanzando en un proceso de “aprender haciendo”, requieren a estados con capacidades para imponer las condiciones necesarias para lograr resultados de crecimiento productivo. Los organismos de gobernanza en particular necesitan identificar sectores que puedan absorber el apoyo para el aprendizaje de tecnologías medianas y altas. Eso incluye actividades en sectores industriales con alta participación de mano de obra calificada. Esto significa que los organismos de gobernanza deben identificar aquellos sectores y empresas nacionales que tienen más posibilidades de lograr un crecimiento de la productividad media y alta. Estos son, por ejemplo, sectores manufactureros como el acierro, la industria automotriz, la robótica, y la ingeniería de computación y de tecnología de información. En cambio, sectores que dependen de mano de obra barata y poca calificada como por ejemplo los servicios, o sectores con poca potencial de crecimiento productivo como, por ejemplo, la industria extractiva, no crean efectos positivos para el crecimiento de productividad.

Para apoyar el aprendizaje de tecnologías en los sectores con alta potencialidad de crecimiento productivo, la estrategia política debe incluir incentivos para que las empresas que reciben apoyo estatal utilicen esta tecnología de tal forma que mejore la productividad, así como sanciones en caso de no cumplir con las condiciones. Estos sanciones pueden incluir incluso el retiro del apoyo estatal. Esto puede ayudar a los sectores y empresas nacionales a desarrollar sus capacidades y a entrar en segmentos productivos más altos en la cadena de valor global.

Otro desafío de la implementación y aplicación efectiva de estas políticas en América Latina tiene que ver con el predominio de los intereses de las élites en sectores de baja productividad. En el pasado, esto ha resultado en una asignación de recursos ineficientes y en intentos fallidos de incrementar la productividad. Poderosos segmentos de la élite latinoamericana han “comprado” permanentemente protección política, lo cual ha perjudicado la capacidad del estado para retirar el apoyo a las empresas improductivas. Además, el control monopólico de los sectores productivos por parte de algunas poderosas empresas ha frenado la meta de incrementar la competencia interna. Si bien estas estructuras de poder persisten en gran medida en la mayoría de las economías latinoamericanas, uno de los principales problemas que enfrentan estas empresas es su alta dependencia de factores exógenos y su vulnerabilidad a los choques externos (crisis financieras mundiales, caída de los precios de bienes primarios e.t.c).

Esto es especialmente cierto en un contexto como el actual de leve desaceleración del comercio internacional, entre otras cosas por la elección de Donald Trump. La dependencia de las políticas que se enfocan en el desarrollo económico a través de la integración mundial económica a cualquier costo arriesga que América Latina sigue con un crecimiento de productividad muy decepcionante y volátil. Además, la continua dependencia de la mano de obra barata como fuente de competitividad global no ayuda en superar los mínimos inventarios tecnológicos de las empresas latinoamericanas y las ventajas comparativas estáticas en sectores marcados por baja productividad y mano de obra poca calificada.

En el proceso de identificación de políticas para apoyar a empresas y sectores que tienen potenciales a mejor su productividad, los políticos latinoamericanos pueden aprender mucho de las experiencias de otros países, como Corea del Sur, Taiwán y Brasil. Estos países alcanzaron niveles de desarrollo económico considerablemente altos a través de instrumentos institucionales y políticas industriales que apoyaban a empresas emergentes. Estos instrumentos impusieron condiciones creíbles a las empresas apoyadas con que tenían que cumplir si querían seguir recibiendo beneficios – como por ejemplo objetivos de exportación. La implementación y aplicación de estas estrategias estimuló el crecimiento de la productividad en los sectores de media y alta productividad y creó oportunidades, no sólo para unas pocas empresas poderosas, sino para todos los grupos de empresarios y la mayoría de trabajadores.

Empresa Geely en Uruguay recibe inversiónes importantes desde Alemania (Secretaría de Comunicación, CC BY-NC-ND 2.0)

Los desafíos políticos para los países latinoamericanos se relacionan con la implementación y aplicación de mecanismos institucionales que buscan desarrollar las capacidades tecnológicas de las empresas y sectores nacionales para crear resultados de media y alta productividad. En el contexto político e institucional de América Latina, estos instrumentos deben incluir apoyo estatal a las empresas emergentes e aplicar condiciones que puedan ser retiradas de manera creíble. Si bien esta es una tarea difícil para los actores políticos y los organismos de gobernanza, sigue siendo posible un replanteamiento de las estrategias de política económica de la región.

Hay tres lecciones de política principales:

  • En primer lugar, la política económica debe centrarse en la identificación de cuellos de botella tecnológicos y en establecer condiciones apropiadas para las transferencias de tecnología extranjera que aumenten la capacidad tecnológica y la creación de contenidos nacionales.
  • En segundo lugar, los políticos deben diseñar políticas económicas que creen incentivos y obligaciones para que las empresas inviertan en actividades de media y alta productividad. Esto implica la provisión de apoyo financiero y técnico a los productores nacionales, así como la mejora de las habilidades y cualificaciones profesionales de los trabajadores.
  • Y en tercer lugar, los mecanismos implementados deben imponer condiciones creíbles a las empresas que reciben apoyo para adaptarse a las nuevas tecnologías y al largo plazo competir en sectores de alto valor agregado. Otras regiones emergentes que han aplicado estas estrategias económicas han logrado a alcanzar niveles de desarrollo económico considerablemente altos.

Los políticos y líderes latinoamericanos encargados de diseñar, implementar y aplicar las políticas económicas para el futuro pueden y deben aprender estas importantes lecciones lo antes posible.

Notas:
• Las opiniones expuestas en este artículo son de los autores y no reflejan la postura de LSE
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Tobias Franz – Universidad de los Andes
Dr Tobias Franz es un investigador postdoctoral en el Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Desarrollo (Cider), Universidad de los Andes in Bogotá, Colombia. Tiene un doctorado en Economía de SOAS, Universidad de Londres. Su investigación se centra en la economía política de crecimiento y desarrollo en América Latina, con un énfasis particular en las instituciones y organizaciones que sustentan las sociedades nacionales y subnacionales en Colombia. Sus publicaciones recientes incluyen Plan Colombia: illegal drugs, economic development and counterinsurgency – a political economy analysis of Colombia’s failed war (Development Policy Review) and Urban Governance and Economic Development in Medellín: An “Urban Miracle”? (Latin American Perspectives).

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