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Charlotte Eaton

June 23rd, 2022

¿El primer presidente de izquierdas de Colombia? La elección desde una perspectiva histórica

0 comments | 21 shares

Estimated reading time: 9 minutes

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June 23rd, 2022

¿El primer presidente de izquierdas de Colombia? La elección desde una perspectiva histórica

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Gustavo Petro ha sido catalogado como el primer izquierdista que gana la presidencia de Colombia. Pero desde una perspectiva histórica, Alfonso López Pumarejo, presidente en los años 30 y 40, encajó en un espectro liberal y obrero, como recuerda Charlotte Eaton (LSE International History).

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En un resultado histórico para la política colombiana, Gustavo Petro y Francia Márquez ganaron las elecciones presidenciales de 2022 con el 50,5% de los votos el pasado 19 de junio. El ex líder revolucionario y el activista social y medioambiental superaron a su oponente -el outsider político Rodolfo Hernández- por 3,2 puntos porcentuales en la segunda vuelta electoral. En la noche de los resultados, miles de personas salieron a las calles para celebrar la victoria, mientras otras mostraban su preocupación por lo que podría traer una presidencia de Petro.

Petro representa el cambio que el país, cansado del establishment político, anhelaba. El nuevo presidente electo promete atajar la corrupción, la desigualdad socioeconómica y la degradación medioambiental. Pero para muchos colombianos no es fácil aceptarlo. Las consecuencias de la guerra civil no oficial entre la guerrilla y los grupos paramilitares permanecen. Muchos no aceptan al candidato, que militó en el movimiento revolucionario M-19, creado tras unas elecciones supuestamente fraudulentas en 1970 y que se desmovilizó en 1990 gracias a un acuerdo de paz con el gobierno colombiano.

Casi se ha convertido en un requisito etiquetar a Petro como el primer presidente de izquierdas de Colombia en cualquier cobertura de las elecciones colombianas. Pero estas afirmaciones no se sostienen bajo la mirada de la historia. Al menos en lo que se refiere a la percepción ciudadana en su momento, ha habido al menos un presidente de izquierdas en la historia reciente de Colombia.

Liberalismo con matices

Alfonso López Pumarejo gobernó Colombia durante dos mandatos no consecutivos. Su primera presidencia fue de 1934 a 1938 y la segunda fue desde 1942 hasta 1945, cuando renunció al cargo. López Pumarejo y su gabinete pertenecían al Partido Liberal Colombiano, y su política estaba sin duda más a la izquierda del espectro. Miembros clave de su gobierno, incluido el ministro de Asuntos Exteriores Gabriel Turbay, se adhirieron a las ideologías socialistas en su juventud y la presidencia de López -en particular el primer mandato- puede aportar muchas lecciones a la nueva administración Petro.

A principios del siglo XX (y, de hecho, durante la mayor parte de su historia política antes de 1960), Colombia solo contaba con dos grandes partidos políticos: el Liberal y el Conservador. Había un puñado de grupos más pequeños, especialmente tras el ascenso global del fascismo y el comunismo en el periodo de entreguerras. No obstante, cualquier persona con aspiraciones presidenciales debía pertenecer a los liberales o a los conservadores. De hecho, Jorge Eliécer Gaitán, calificado como el primer candidato presidencial de izquierdas de Colombia, y asesinado durante su campaña por la presidencia en 1948, abandonó su Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria (UNIR) en 1935 cuando se dio cuenta de que no podía competir con el poderío del Partido Liberal.

Este bipartidismo no frenó las fuertes diferencias políticas en Colombia, sino que hizo que éstas se canalizaran a través de los dos principales partidos en forma de faccionalismo. En aquel entonces, López era el líder de los “liberales de izquierda” y así lo reconocían los miembros de su propia formación y de la oposición.

Aunque el programa de gobierno de López -conocido como la Revolución en Marcha- continuó con algunas tradiciones liberales ancestrales, como una mayor secularización del Estado y más independencia educativa, su principal preocupación era incrementar la participación de la clase trabajadora en la sociedad. El gobierno aprobó medidas para mejorar la protección de los trabajadores y legalizó el derecho de huelga por primera vez en Colombia, además de acercarse a otros grupos de izquierda. El presidente nunca calificó oficialmente su administración como un gobierno de Frente Popular -una coalición de partidos de la clase obrera y de la clase media-, pero sin duda dio crédito a sus detractores, que sí formularon esas acusaciones. Por ejemplo, durante las celebraciones del Día del Trabajo de 1936, López habló desde el balcón para reafirmar su programa reformista. Le acompañaron varias figuras políticas, como el comunista Gilberto Viera y el socialista Gerardo Molina.

Esta tendencia hacia la política obrera fue la más controvertida. Tanto los conservadores como los liberales moderados veían el fantasma del comunismo sobre las reformas de López. Antes de la década de 1930, el comunismo no era una cuestión urgente en Colombia. El Partido Comunista Colombiano seguía siendo pequeño y, en la época anterior a Mao, se consideraba que la nación era demasiado agrícola para que una ideología de este tipo pudiera arraigar realmente. El estallido de la guerra civil española en julio de 1936 lo cambió todo.

Retrato del presidente de Colombia Alfonso López Pumarejo / Wikimedia Commons (CC BY 1.0)

Miedo al comunismo

Dados los vínculos históricos con América Latina y los paralelismos entre la situación interna de los ambos países, España se convirtió de repente en el modelo de lo que podría ocurrir en Colombia si se permitía la expansión del comunismo. El programa reformista de López quedó aún más en evidencia. Para los conservadores y la jerarquía católica, el conflicto español representaba una revolución “sagrada ” contra los excesos “impíos” del gobierno del Frente Popular, que se reflejaban en la propia experiencia de las reformas secularizadoras de López. Los liberales moderados vieron en la violencia generalizada que estalló en los primeros meses de la guerra lo que podía ocurrir a los gobiernos democráticos si se dejaban llevar por los grupos revolucionarios y temían que eso fuera lo que López incitara dadas sus alianzas con la clase obrera.

Por desgracia para López, su primer mandato presidencial coincidió con el estallido de las hostilidades en España. El mismo periodo estuvo marcado por un brote de violencia espontánea de la izquierda. Sin embargo, esta violencia fue controlada por el gobierno español y finalmente resultó inútil, ya que los republicanos perdieron la guerra. Así, mientras la oposición atacaba al gobierno de López por mantener relaciones con la “bárbara” República Española, la sociedad miraba sus intentos de cambio por el cristal de lo que ocurría en España.

Cada una de las reformas se comparó con medidas similares en la España de preguerra y se analizó en función de su probabilidad de provocar un conflicto civil en Colombia. En un ambiente cada vez más polarizado, el Congreso se mostró cada vez más reacio a aprobar las políticas del gobierno. Durante una reunión del Gabinete en mayo de 1937, por ejemplo, los ministros discutieron cómo la actitud negativa del Congreso hacia un proyecto de ley de devaluación demostraba su hostilidad hacia los proyectos de su gobierno y su posible desacuerdo con su política general. Al final, Alfonso López Pumarejo se vio obligado a frenar su proyecto reformista un año y medio antes de terminar su mandato.

Se han establecido paralelismos similares entre un posible gobierno de Petro y la situación en Venezuela. Especialmente en torno a las elecciones de 2018, los titulares de prensa informaban con regularidad del temor de que Petro convirtiera a Colombia en otra Venezuela y de que fuera a volverse un dictador. Esto a pesar de que la Constitución actual no permite la reelección. Después de la victoria de Petro, parece plausible que cualquier intento de cambio sea interpretado de manera similar. Aunque los temores de que su contendiente, Rodolfo Hernández, y el actual presidente, Iván Duque, no aceptaran el resultado han resultado infundados, gran parte de la clase política colombiana y de los medios de comunicación siguen siendo hostiles al presidente electo.

La intensa oposición acabó bloqueando el proyecto revolucionario de Alfonso López Pumarejo; el tiempo dirá si Gustavo Petro tendrá más éxito. Por ahora, el nuevo líder se ha asegurado un triunfo decisivo y ha enviado un mensaje de esperanza al pueblo colombiano. Pero, como demuestra la experiencia de López, llegar al poder es solamente una mitad de la batalla.

Notas:
• Este artículo representa las opiniones de la autora y no del Centro o de LSE
• Traducción de María Clara Montoya
• Por favor lea nuestra política de comentarios antes de comentar
• Encabezamiento: Gustavo Petro y Francia Márquez el 19 de junio / Pacto Histórico (Facebook)

About the author

Charlotte Eaton

Charlotte Eaton is a PhD candidate in International History at the LSE and visiting scholar at the Universidad del Rosario, Bogotá. Her research explores Colombian perceptions of the Spanish civil war in the 1930s and 1940s. She holds a BA in Spanish from the University of Bristol and an MSc in Theory and History of International Relations from the LSE.

Posted In: Colombia Elections 2022 | Democracy

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