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Lucas Yordi

April 27th, 2022

El incierto futuro político para la antigua guerrilla de las FARC en las elecciones colombianas de 2022

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Lucas Yordi

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El incierto futuro político para la antigua guerrilla de las FARC en las elecciones colombianas de 2022

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Cinco años después de firmar la paz con el Gobierno colombiano, las antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP) están divididas y debilitadas como agente político. Pese a que el partido Comunes tiene representación política, no todos los 13.000 antiguos miembros de las FARC lo respaldan, escribe Lucas Yordi (LSE).

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Colombia votó un nuevo Congreso el pasado 13 de marzo. El partido Comunes, formado por antiguos miembros de la guerrilla, obtuvo unos 52.000 votos, una cifra significativamente inferior a los 85.000 que consiguió en las elecciones de 2018. Con estos resultados, la representación de los excombatientes pende de un hilo a partir de 2026, cuando ya no tendrán garantizados cinco curules en el Senado y cinco en la Cámara de Representantes. Además, las divisiones dentro del grupo evidencian la incertidumbre sobre su futuro político.

La mayoría de observadores del conflicto colombiano y de las FARC destacan desde hace tiempo que las divisiones internas del antiguo grupo guerrillero son anteriores al acuerdo de paz firmado en 2016. Se dice que la muerte de figuras clave como su fundador histórico, Manuel Marulanda Vélez, alias Tirofijo, en 2008, su predecesor Alfonso Cano en 2011, y su segundo al mando Víctor Julio Suárez Rojas, apodado el Mono Jojoy (2010), han dañado profundamente la cohesión social de la guerrilla. Las lealtades de muchos combatientes se volvieron más personales que ideológicas. Hoy en día, las divisiones políticas de las antiguas FARC, se centran en disputas en el estilo de gestión de la dirección y en las diferencias sobre cómo asumir compromisos como partido político.

Andrés París, uno de los cuatro altos ex dirigentes de las FARC expulsados de los Comunes en junio de 2020, ve tres facciones principales en oposición al núcleo duro: los que volvieron a la lucha armada, la división que se mantiene dentro del partido liderada por el senador Israel Zúñiga (conocido como Benkos Biohó) y la senadora Victoria Sandino, y la supuesta mayoría a la que pertenece París, “los que no estamos ni con la guerrilla, ni con Benkos Biohó, pero tampoco estamos con Rodrigo Londoño (presidente de Comunes y ex comandante militar de las FARC-EP también conocido como Timochenko)”.

La mayoría de las facciones de Comunes afirman que la dirección del partido es vertical y autócrata, y que el estilo de gestión de sus dirigentes no ha pasado del mando guerrillero a la política civil. El senador Biohó, líder central de “Agrupar para Avanzar”, la segunda facción que señala París, dice que “nunca hubo voluntad de construir un partido” por parte de la “extinta dirección de las FARC”. “Lo que se pretendía era hacer un traspaso de una estructura vertical de liderazgo, que es lógico ver en los ejércitos y las fuerzas armadas, porque es la única forma de funcionar efectivamente, pero eso no funciona para un partido”, sostiene Biohó. Del mismo modo, París afirma que el partido no reconoce las opiniones al margen del núcleo de la dirección.

Las facciones políticas a las que pertenecen el senador Biohó y París, respectivamente, son tachadas a su vez de ortodoxas y delirantes, en el sentido de que supuestamente no están dispuestas a aceptar la realidad política a la que se enfrentan las antiguas FARC y los compromisos necesarios para que la política funcione.

“Hay otros compañeros que pensaron que con la firma del acuerdo nos iban a recibir con los brazos abiertos, que nos iban a poner una alfombra roja, que no teníamos que hacer nada, que íbamos a esperar que el gobierno nos resolviera todo. Resulta que llegamos aquí y nos encontramos con una situación bastante precaria”, afirma la senadora Sandra Ramírez, otra de las principales voces políticas de Comunes y ex vicepresidenta segunda del Senado, al ser consultada sobre la expulsión de París.

Las consecuencias de estas divisiones

Estas diferencias internas podrían interpretarse como un símbolo de participación política y debate democrático. Al fin y al cabo, se expresan de forma pública y pacífica, en lugar de combatirse de forma violenta. Además, es de esperar que en los partidos políticos de los sistemas democráticos existan divisiones internas públicas, pero las de las FARC son más profundas, así como sus consecuencias.

El partido está experimentando una grave fractura dentro de su ya reducida base política. No hay datos oficiales sobre el número de miembros que tiene Comunes; la dirección principal afirma que son 6.800, mientras que las facciones afirman que son menos de 3.000. La retórica entre los actuales y antiguos dirigentes también ha adoptado un tono problemático. Los exdirigentes de las FARC han afirmado, en público y en privado, que los principales líderes los asocian injustamente con la disidencia armada. Y ha habido acusaciones de racismo y machismo contra algunos de estos mismos jefes de partido.

Todo ello contribuye a debilitar la posición de las antiguas FARC como contraparte legítima del Gobierno colombiano en la aplicación de los acuerdos de paz. La naturaleza de sus divisiones internas hace que sea más fácil descartarlos como antiguos “narcoterroristas” sin una agenda política justificable. Y si su base política, ya de por sí pequeña, se partiera en tres, las cuestiones de la representación legítima y la garantía de los intereses de los excombatientes y el cumplimiento de sus obligaciones se volverán más críticas.
En cierto modo, algunos de los antiguos líderes de las FARC reconocen esta realidad. “Es cierto, las decisiones que hemos tomado internamente nos están matando”, dice Rodrigo Granda, otro de los líderes centrales de Comunes y ampliamente conocido como el canciller de las FARC. Pastor Alape, otra de las principales figuras de la dirección de Comunes, enfatiza junto a otros jefes del partido, lo necesario que es respetar las decisiones de las facciones para seguir su propio camino.  Alape dice que la mayor preocupación es que terminen “ayudando a los adversarios del proceso” a desmantelar el proyecto político. Incluso el senador Biohó reconoce cómo “no es lo mismo enfrentarse al actual gobierno de forma unificada para presionar por la aplicación que hacerlo de forma fragmentada”.

El futuro de Comunes

Es de suponer que la lucha interna de las antiguas FARC continuará. Las facciones podrían intensificar su impugnación del control de Comunes por parte de la dirección central. La senadora Sandino y el senador Biohó, que no formaron parte de las listas para las elecciones al congreso de 2022, publicaron una carta sobre cómo habían solicitado sin éxito al Consejo Político Nacional del partido su escisión. Ambos políticos también presentaron una demanda contra la organización interna del partido que tampoco prosperó, ya que la corte no encontró evidencia de que “los derechos de participación política” de los demandantes se hubieran violado como alegaron.

Existen órganos de coordinación como la Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación a la Implementación del Acuerdo Final (CSIVI), donde el gobierno y los Comunes se reúnen y discuten la implementación y la asignación de recursos. Según las facciones, éstos se distribuyen de forma discriminatoria. “Hay que cambiar los criterios de reincorporación. Todos los instrumentos no pueden ser para el partido. Debe ser para los que firmamos el acuerdo”, dice París.

Esta fragmentación política se da mientras el acuerdo de paz está bajo constante presión, y donde se debe hacer un esfuerzo para que los políticos y la sociedad civil apoyen su cumplimiento. No obstante, no se puede olvidar el éxito del proceso de paz y el papel de las antiguas FARC en él. Cuando el secretario general de la ONU Antonio Guterres visitó Colombia en noviembre de 2021, con motivo del quinto aniversario del acuerdo, mencionó que hay “logros innegables” que deben ser reconocidos. Especialmente el hecho de que una antigua guerrilla implicada en una contienda de 50 años funcione actualmente como partido político con la gran mayoría de sus excombatientes viviendo “admirablemente” en paz.

Sea como fuere, Comunes debe mejorar su cohesión interna para poder convertirse en un actor político más fuerte y atractivo con el nuevo gobierno que tomará posesión en agosto de 2022. Pero aún no está claro cómo interactuará el nuevo gobierno con las antiguas FARC y qué pasará con la representación política de los excombatientes.

Notas:
• Este artículo representa las opiniones del autor y no del centro o de LSE
• Traducción de María Clara Montoya
• Por favor lea nuestra política de comentarios antes de comentar
• Encabezamiento: Departamento de Estado de EEUU (Dominio público)

About the author

Lucas Yordi

Lucas Yordi is an MSc Conflict Studies Candidate at the LSE. He is also the President of the Student Union’s Association for International Peace and Security (AIPS) and works as an intern with the Latin America and Caribbean Program of International Crisis Group.

Posted In: Colombia Elections 2022 | Democracy | Peace in Colombia | Posts en español

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